Lo malo conocido

Quien inventó el dicho “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer” no era un gran fan de las aventuras, ni alguien que buscase salir de la zona de confort como método de mejorar y avanzar.

Este es uno de los dichos que más rabia me dan porque parece que tengamos que quedarnos siempre estancados en un sitio que no nos apasiona. La pasión existe y es posible llegar a ser feliz o al menos sentirse realizado sin el amparo de lo “malo conocido”. No es cierto que sea mejor lo malo conocido, lo malo conocido es confortable porque sabemos que es lo que va a venir, y eso es más fácil de afrontar que la incertidumbre de no saber a dónde nos dirigimos. Si no te expones nunca a la incertidumbre, esta siempre te va a parecer un montruo de cuatro cabezas contra la que tienes que luchar con la única arma que crees tener: el control.

Para mi, ese dicho trata mucho del control. Lo malo conocido es lo que controlo, lo que manejo y con lo que creo que puedo aprender a convivir porque al final, a lo mejor es lo que me merezco. Pues voy a deciros algo, no os lo merecéis. Mira que no os conozco, pero pongo la mano en el fuego por todos y cada uno de los que me estáis leyendo para deciros que lo malo conocido no es lo que merecéis. Merecéis lo bueno por conocer, pero para ello tenéis que ganároslo porque nunca consigues lo que quieres, sino lo que te mereces. Para merecerlo hay que decir adiós a esa zona de confort. Darle las gracias por sostener vuestra espalda todo este tiempo para coger fuerzas y salir a cambiar las cosas que no os gustan.

Os diré que el 80% de las personas que acuden a consulta vienen por problemas de incertidumbre y control. No saben hacer frente a la incertidumbre y empiezan a generar pensamientos que rellenen esa incertidumbre con posibilidades de situaciones que pueden o no producirse, lo que les acaba causando mucha ansiedad. Esos pensamientos generados, vienen con promesas de control, pero realmente son el lobo disfrazado de oveja, porque contienen más miedo que control. Y ese miedo se nos vuelve en contra.

Cuando nos damos cuenta de lo que está pasando en realidad, ya es tarde, y tratamos de luchar contra esos pensamientos generados, pero la semilla de miedo ya está sembrada, y cuanto más luchamos contra ella, más fuerte se hace.

Hay una metáfora para niños de un artículo de ACT (Terapias de Aceptación y Compromiso) para explicar a los niños cómo funcionan estos pensamientos.

Terapeuta: Te voy a contar una pequeña historia. Imagínate a un niño que quiere ser domador. Tiene un cachorro de tigre. Resulta que el tigre crece un poco y empieza a enseñar los colmillos, a rugir, es decir, a «tigrear». ¿Qué hace el niño?

Niño: Se asustará.

T: Y una vez que se asusta, ¿qué puede hacer el
niño?
N: Tranquilizarlo.
T: ¿Cómo?
N: Le da una galleta.
T: Y el tigre, ¿qué hace?
N: Se la come y se calla. Como los bebés, se ponen
a llorar hasta que les das de comer.
T: ¡Muy bien! Pero al día siguiente empieza a
« tigrear» otra vez y… ¿Qué hace el niño?
N: Le echa otra comida.
T: Empieza otra vez a enseñar los colmillos y…
N: Y ahora le echo pienso.
[…]
T: Resumiendo, todos los días, cuando el tigre «tigrea», al niño le da miedo y le da de comer. El
tigre otra vez «tigrea», al niño le da miedo y le
da de comer, ¿y cómo se pone el tigre?
N: Cada vez más grande.
T: Cuanto más come…
N: Más grande.
T: Y cuanto más grande…
N: Más miedo da.
T: Muy bien. ¿No se parece eso un poco a lo que te
pasa a ti con el miedo cuando te acuestas?
N: Sí, porque es como si le voy dando de comer al
miedo y más grande se hace.
T: ¿Cómo le vas dando de comer al miedo o al tigre?
¿Qué haces para que no rechiste el tigre?
N: Llamo a mi madre.
T: Muy bien. Eso es como si tú le das comida al tigre.
Llamas a tu madre y el tigre se calla, enciendes
la luz y el tigre se calla. ¿A quién le das comida
así?
N: Al tigre.


T: ¿Y el tigre es?
N: El miedo.
T: ¿Cómo está el miedo?
N: Grande.
T: Unos días más que otros, ¿no? Hay unos días
que no ruge mucho el tigre y otros sí. Al día siguiente, lo mismo. ¿Qué podemos hacer, qué
puede hacer el niño?
N: Ignorarlo.
T: Cuando el tigre «tigree», ¿qué haces?
N: Ignorarlo.
T: Porque, ¿quién manda así?
N: El niño.
T: ¿Antes quién mandaba?
N: El tigre.
T: Cuando tú vas a dormir, ¿quién manda?
N: El miedo.
T: Y G, ¿qué hace?
N: Llamo a mi madre.
T: Claro, pero a la noche siguiente, ¿quién manda?
N: El miedo.
T: Está G y el miedo de G. ¿Y quién manda?
N: El miedo.
T: ¿Y qué conseguimos con eso? Con llamar a tu
madre y encender la luz, ¿qué conseguimos?
N: Seguir dándole de comer.
T: Muy bien,

Os propongo que esta semana penséis en las cosas que os dan miedo y si realmente es mejor quedarse donde estamos o lanzarse a la aventura, ¿qué te da tanto miedo? ¿Qué puede ocurrir? ¿Qué no lo consigas? ¿Lo estás consiguiendo ahora?

Publicado por eliapesquera

Psicologa Sanitaria M-33188

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